Aprovechando que hace una semana los trabajadores guatemaltecos recibieron su Bono 14, decidí escribir sobre los verdaderos efectos de dicho bono y el Aguinaldo en la economía. A simple vista, justificar la imposición de estos dos salarios adicionales con la supuesta mejoría de la economía parece sensato. Sin embargo, algo muy difícil de percibir es todo el daño que estas dos leyes nefastas, la Ley Reguladora del Aguinaldo y la Ley de Bonificación Anual Para Trabajadores del Sector Privado y Público, está causando a Guatemala, en especial al trabajador. 

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Iniciaré con el hecho de que estas dos leyes representan una desventaja competitiva para el país en el mercado internacional: la inversión que se atrae no es suficiente para estimular un desarrollo pujante, pues son pocas las empresas dispuestas a pagar 14 salarios por el trabajo de 12 meses; y además encarece la producción, siendo así más atractivos otros países que tienen una mano de obra mucho más barata, como la china. Tampoco es atractivo un país en donde cortar las relaciones laborales con un empleado de pésimo desempeño representa un gasto monetario inmediato. Es así como el empresario es castigado de dos maneras: tiene que soportar a un terrible empleado para evitar pagar prestaciones (pero que a la larga daña a la empresa), o tendrá que despedirlo y pagarle no solo su salario, si no todo aquello que no se merece. Sea cual sea su decisión, termina perdiendo, pues nada le garantiza que su reemplazo haga bien su trabajo.


Por supuesto, a muchos no les interesa el bienestar del empresario, sino su propio beneficio como empleados. Sin embargo, es importante resaltar que el Bono 14 y el Aguinaldo le cierran muchas puertas al trabajador que aspira a mejorar su condición de vida. La base del desarrollo económico no es el consumo compulsivo sino el ahorro: solo con la acumulación de capital una empresa invierte en nuevos proyectos y crece. Con este crecimiento, aquellos trabajadores que hayan mostrado un buen desempeño en sus labores se convertirán en supervisores y gerentes, y obtendrán un mayor ingreso. Pero, de nuevo: esto se impide u obstruye cuando forzamos a las empresas a pagar 2 salarios adicionales por cada trabajador. 


Otros dirán que las empresas ya de por sí pagan terribles salarios. Lamentablemente, la mejora de los salarios se da con el tiempo, pero solamente cuando existe un libre mercado, sin impuestos y trabas burocráticas, sin imposiciones como el Bono 14 y el Aguinaldo; porque de esta manera se atrae muchísima inversión, y con ella la oferta en el mercado se diversifica. Esto le beneficia al empleado porque al encontrarse varias empresas en constante competencia, estas se ven forzadas a tratar bien a sus trabajadores, pagarles mejor y ofrecer incentivos, porque a ninguna empresa le conviene que su gente se vaya a trabajar para su competencia. Es así que, con el paso del tiempo, se da un desarrollo pujante, y es así como verdaderamente se estimula la economía. Pero para esto, es necesario derogar leyes nefastas, impuestos e imposiciones salariales inmorales y liberar el mercado, tanto para el capital local como el extranjero. 


Termino con un último argumento: si una persona contrata a otra para realizar cierto trabajo, ¿por qué debería de pagarle por una labor que no realiza? No solo es injusto forzarlo, sino que las dos leyes mencionadas al inicio de este artículo fuerzan a los empresarios a pagarle a sus empleados por un trabajo que nunca se hizo: se premia la improductividad. Es así como creamos una fuerza laboral que sólo piensa en recibir más por menos trabajo por supuestos “derechos”; y consecuentemente, nos convertimos en una sociedad egoísta y corrupta.


Esta es la clase de realidades que no nos gusta afrontar, pues somos adictos a una droga que sigue desgastando y destruyendo a nuestro país. Por ello es necesario construir un partido de derecha liberal con una propuesta que contemple todos los cambios necesarios para que exista un auténtico capitalismo para todos. De lo contrario, Guatemala nunca saldrá adelante.