“Buen sentido y cretinismo” es uno de los más famosos y controversiales artículos de prensa de Giovanni Sartori, un genio de la Ciencia Política, nacido en Florencia (como Nicolás Maquiavelo), y fallecido en 2017, a sus 93 años. En su texto, muy breve, del 11 de octubre de 2008, describe y denuncia, con su magistral agudeza, la epidemia de “cretinismo masivo” que enturbia y amenaza peligrosamente la política de nuestro tiempo, en Europa y el mundo entero.

Hoy en día, tenemos un caso muy ilustrativo, a propósito de Venezuela, que fue mi tierra adoptiva por más de 30 años; la mayor parte de mi vida adulta. En tan desafortunado país, el socialismo oficialista lleva 20 años mintiendo. Y el socialismo opositor también, con sus propias mentiras: la del 11 de abril (Pedro Carmona, 2002); el referendo revocatorio (2004); la tarjeta “Mi Negra” (Manuel Rosales, 2006); “mi flaco bello” (Henrique Capriles, 2012 y 2013); aquellas revoltosas “guarimbas” (Leopoldo López y “Voluntad Popular”, 2014 a 2017), la “Avanzada Progresista” (Henry Falcón, 2018). Hasta tienen una mentira “liberal” (María Corina Machado, la misma siempre).


Ahora tienen “la transición” (Juan Guaidó, 2019), buscando provocar una reacción de “la comunidad internacional” y de los mandos militares por un lado, pero por otro lado conversando en secreto con el socialismo oficialista, civil y de uniforme, al que se le promete una amnistía. Y eso no está mal, lo malo es que lo hagan en secreto: deberían hacerlo ante las pantallas de TV, como hizo Lech Walesa con el General comunista Wojciech Jaruzelski, en abril de 1989, negociando condiciones pero a la vista de todo el mundo, para llegar a un acuerdo, que también fue publicado, luego de firmarse. Así se hizo la transición en Varsovia; pero fue para salir del comunismo y permitir el capitalismo libre en Polonia.

De la izquierda no se sale por la izquierda sino por la derecha. Por la izquierda no hay salida, porque sólo hay opresión y engaños, como bien lo anticipó, 20 años atrás, el Dr. Allan R. Brewer Carías, en un documento que debe y puede leerse en su Website de Internet. Se titula “Razones del voto NO en el referéndum sobre la Constitución de 1999”. Su autor no es liberal, pero expuso razones netamente liberales para oponerse, pronosticando todo lo que iba a suceder, de aprobarse aquel engendro legal comunista. Como siempre en Venezuela, la voz de los profetas no fue escuchada; y como siempre, el tiempo les dio la razón más tarde.

¿Por qué el socialismo opositor no se cansa de sus mentiras, una tras otra? Simple: porque sus bases no se cansan de creerlas, una tras otra, sistemáticamente. Y ante cada frustración y luego caída en la credibilidad, inventan otra mentira, su gente vuelve a creer y a ilusionarse, y a desilusionarse al poco tiempo. Y así de continuo, por 20 años. Pero esta vez apostaron más fuerte, y se inventaron una bien grandota: “la Transición”. Porque tienen un par de apoyos importantes en EE.UU.: (1) Marco Rubio en el Congreso, el “cerebro gris”, politiquero sin escrúpulos que quiere ser “Primer Presidente latino” de su país, y le importa un bledo arriesgar sangre y vidas venezolanas; (2) John Bolton y los “neocons” en el Gabinete ejecutivo, y el mismo Donald Trump, hablando bravuconadas y profiriendo sus tronantes amenazas, al mismo estilo de Nicolás Maduro. Y así le dan a Maduro el pretexto para hacer lo que le gusta: victimizarse, para atornillarse en el poder, como hizo Fidel Castro hasta que se murió.

Lo que hay en Venezuela (y en América Latina) es un denso forcejeo entre los dos bloques de izquierdas: de un lado el Foro de Sao Paulo, que después de Bolsonaro se halla reducido al Eje La Habana-Caracas, y del otro lado el Comité Latinoamericano de la Internacional Socialista, con sus partidos y el grueso del partido Demócrata de USA. Esto se ve claro en la OEA, donde cada bando hace valer sus votos, los de un lado y otro.

Hacen creer que la “inminente caída de Maduro” resolverá las penurias de Venezuela. No es cierto: el “Plan País” socialdemócrata de Guaidó no es para el paso al capitalismo liberal, como en los países de Europa, Asia y África que salieron o están saliendo del comunismo, o el Brasil, con Jair Bolsonaro. No sería un avance, sino un retroceso, al mismo modelo que en 1998 ya estaba por completo agotado, y generando todo el descontento que permitió llegar al poder a Hugo Chávez y sus comunistas.

Pero es que la “caída de Maduro” tampoco es “inminente”, sino altamente improbable, por muchas razones, entre las que se cuentan: (1) “los demás también juegan”, decía alguien, hablando de fútbol. Rusia, China, la OPEP, el Papa y otros actores de peso hacen advertencias, por si Rubio, Trump y sus torpes “halcones” intentaran “cruzar la raya” para alguna aventura riesgosa. (2) También se oyen en EE.UU., y en igual sentido, los conservadores clásicos, dentro y fuera del Partido Republicano, por ej. Ron Paul. A Trump le recuerdan sus clarinadas contra “mezclarnos en conflictos ajenos”, en su pasada campaña electoral; a propósito de sus metas reeleccionistas en 2020. Gente responsable no apoya la pretensión de los gobiernos de EE.UU. para ser los "policías del mundo", ni provocaciones de “matón”, que en Latinoamérica sólo sirven a la propaganda marxista contra “el imperialismo yanqui”. Es una pena que justo cuando Bolsonaro señala a la región el camino para salir del socialismo, las bravuconadas de Washington le sirven a la izquierda en bandeja su "carta" fuerte de siempre: la injerencia de EE.UU. en América Latina.

Y en nuestra América mestiza sucede que el mismo pensamiento "mágico", irrealista e irracional, que a muchos conduce a creer en el socialismo, ahora lleva a otros, dentro y fuera de Venezuela, a creer en la solución "milagrosa" para los trágicos problemas creados por el socialismo, y desde mucho antes de Chávez, en ese arruinado país: ¡intervención norteamericana! Creer ingenuamente una tras otra la larga serie de mentiras, ilusionarse con fantasías irrealistas y peligrosas, y arremeter salvajemente como toro embravecido y empecinado contra los pocos que decimos la verdad; eso es más que mera ignorancia y desinformación; es puro “cretinismo”, como diría el maestro Sartori.

Toneladas de buena literatura académica, sobre casos recientes y anteriores, muestran hasta el cansancio que las “sanciones” contra los regímenes despóticos, acaudilladas por las grandes potencias, no sirven. Sean militares, económicas o diplomáticas, generalmente producen resultados contrarios a los esperados: los pueblos sufren, no los tiranos, como Cuba está allí para ilustrar. Y Dios quiera que en Venezuela no pase lo mismo que en Nicaragua: una horrorosa guerra civil internacional de 5 años (1985-90), para nada: luego de los “Acuerdos de Esquipulas” y el “Grupo de Contadora”, llegaron para Nicaragua unos Presidentes pésimos de la derecha mala y de la socialdemocracia: Violeta Chamorro, Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños. ¿Para qué? Pues para terminar con el retorno del sandinismo y los Ortega al poder, en 2006... ¡y aún están allí! En aquella guerra feroz, se pagó un muy elevado costo en sangre, vidas humanas y destrucciones materiales; y nada bueno se logró a cambio.

¿Y la “ayuda humanitaria”? Es el gran negocio multibillonario que encontraron las ONGs “progresistas” y sus politiqueros asociados. En las fuentes informativas independientes se describe muy bien la ruta del dinero: fluye desde los países ricos culposos, tanto de gobiernos como de ciertas empresas, a las “organizaciones humanitarias” cuyos jefes se llenan los bolsillos, y van a parar a las cuentas bancarias secretas en Suiza y otros refugios similares. Salvo algunas migajas que reparten para las fotos, jamás llega a las pobres gentes que sufren las consecuencias de tiranías comunistas, guerras tribales, civiles o internacionales, o desastres causados por la falta de infraestructura apta para enfrentar eventos naturales como tifones o terremotos. En el caso de Venezuela, los “guaidolovers” pretenden usar la “ayuda humanitaria” como un ariete para “presionar” a Maduro, provocando a los militares y a los “duros” del Gobierno de EE.UU.

Hacen creer que “Maduro es ilegítimo porque las elecciones son fraudulentas”. Eso es desconocer un axioma de la Ciencia Política sobre la democracia: “Los votos no se cuidan solos”. En las elecciones, si no tienes suficientes cuidadores para cada voto, cada mesa y cada junta de totalización, como nunca los tuvieron Rosales y Capriles, mejor no seas candidato. El socialismo opositor sí los tuvo para las elecciones parlamentarias de 2015, y ganó ampliamente. Pero el cretino es torpe además de porfiado; no atiende razones, ni quiere saber de los hechos palpables: oye pero no escucha, mira pero no ve. Es como si no le interesara entender la realidad.

Hacen creer que “los militares se van a sublevar”. Eso es desconocer que ya no existen generales anticomunistas como los del siglo pasado, que daban golpes de Estado y decretaban dictaduras. Ya el Foro de Sao Paulo los barrió del mapa, con dos viejos y poderosos recursos: garrote y zanahoria. Se ocuparon de encarcelar a Videla en Argentina por ej., y dejarlo morir en prisión ante las cámaras de la tele. Y a los jefes castrenses de ahora, también les forraron de billetes. El miedo y el dinero no fallan para torcer voluntades, y cerrar los ojos y los oídos de los uniformados.

Me dicen “¡necesitamos soluciones inmediatas!”. ¿Y qué ofrece Guaidó para lo inmediato? Bolsas de comida. Pero eso mismo ofrece Maduro. ¿Y qué dice Guaidó cuando no llegan sus bolsas de comida? Dice: “el enemigo sabotea las líneas de abastecimiento”. Pero eso mismo también dice Maduro cuando no llegan “sus” bolsas de comida. ¿No le digo yo que las izquierdas se parecen como gotas de agua? Lo que pretenden los titiriteros que le mueven los hilos a Guaidó es “escalar” el conflicto; yo no puedo apoyar semejante barbaridad.

"¿Y tú qué propones para Venezuela?" me dicen. Repito: "como en Brasil". Simple: desarrollar una fuerza política "fusionista" con programa tipo 5 R, crecida y robusta, capaz de movilizar, de incidir para obtener garantías electorales mínimas, negociando condiciones, pero públicamente y desde un proyecto liberal con capital político bastante, y luego ganar las elecciones. Como en Polonia. No hay otra, por una razón bien simple: ¡lo demás no sirve! Es “mucho ruido y pocas nueces”, en palabras de Shakespeare. Decir esto me hace impopular entre mis "contactos" en las RR.SS; lo siento, pero yo prefiero perder todos mis contactos en Facebook, Twitter, etc., antes que perder contacto con la realidad, los hechos y las verdades.



Me dicen “¡Pero Bolsonaro, y otros Presidentes del mundo reconocen a Guaidó!” Claro, para ellos es una forma muy barata de quedar bien con el Presidente de EE.UU. ¡Se llama “Realpolitik”!

Me dicen, por último: “Tú te opones a Guaidó sólo porque no es liberal”. No; no sólo por eso, sino porque además es tonto, ignorante y vanidoso; un “cretino” de esos que pueden ser un peligro, que como siempre, es ciega y fanáticamente vitoreado por una inmensa masa de cretinos. Sólo me resta agregar esto: que Dios tenga misericordia, y no pase nada más grave de lo que ya hay, que es muy malo. Que “no pase nada” es lo mejor que podría ocurrir; por favor: ¡que no pase algo peor!