Víctor trabajaba como asistente de tienda para una marca reconocida de anteojos. El inicio de la pandemia los dejó sin movimiento de personas en el lado de la calle donde alquilaban el local, sin quien pudiera ver las vitrinas y los nuevos estilos de gafas, principalmente las de temporada de verano. Fue peor cuando los créditos y las tarjetas comenzaron a vencerse y los planes de rescate del gobierno se hicieron lentos para alcanzar las cuentas por pagar, pero sobre todo las cuentas del alquiler y el colegio de sus dos hijos. La motocicleta de marca hindú, de la cual no mencionaré nombre, pero que son muy “robables” en Guatemala, se convirtió en al menos por 4 meses en el sustento que los mantuvo con un mes de retraso en la renta y dos en cada grado de colegiatura. Todo se arruinó cuando se compuso la situación y se volvió a la “nueva normalidad”. La rotonda en la que se parqueaba en la colonia donde vivía, les prohibió seguir prestando el servicio de mototaxis, porque los buses de transporte privado regresaron y no querían perder su privilegio. Aunado a eso, debía entregar la tajada al gobierno bajo la figura del impuesto de circulación de vehículos, no sin antes pagar otra extorsión a una municipalidad que obviaré el nombre, que con tal de llegar a la cuota de sus agentes de tránsito, le impuso una multa “por no portar cinturón de seguridad”. Mientras solucionan su reclamo se acumula la mora, multa e intereses de su moto, por lo que deberá pagar la multa y también el impuesto, a esa municipalidad que invierte en parques para perros. Ahora en lugar de las gafas de sol de temporada hay telarañas en su antiguo lugar de trabajo y exactamente una gran mancha de gotera donde otrora se dedicaba a realizar los pedidos a Italia. 


Don Gregorio esperaba que su cosecha de papa de este año le ayudara a pagar la deuda pendiente de la última cosecha de 2019. Su Pick Up, que obviaré la marca, pero cuyo nombre tiene un parecido con un calibre de rifle, también necesitaba un servicio de culata y cambiar los amortiguadores traseros. Pero eso podía esperar hasta la hora de la muerte, pues su esposa necesitaba con urgencia ser operada de los cálculos renales que la aquejaban desde hacía 5 años, y a falta de seguro social confiaba en la caridad de un hospital, del cual obviaré el nombre, pero que fue nombrado en honor a un gran santo de Guatemala. Las disposiciones para resguardar la seguridad y salud de la población hicieron que los mercados dejaran por un lado buena parte de los pedidos de frutas, verduras y legumbres, por lo que vio cómo su cosecha, la esperanza de mantener a flote su ya maltrecha parcela, y la de darle una recuperación decente a su esposa, se pudría en medio del lodo que dejaron las lluvias del invierno y la falta de pedidos y venta a los intemerdiarios, quienes casi pedían regalado el producto a falta de efectivo para pagar las papas. Por lo menos una parte de la cosecha lo ha mantenido sin tanta hambre, pero con la mirada perdida en el horizonte al escuchar los sollozos de dolor de su esposa, a causa del dolor en los riñones. 


Pamela lidiaba con clientes difíciles en la boutique de ropa. Ganaba comisiones por ventas más el sueldo mínimo. Algunas veces la pesadez de algunos clientes la hacían pensar en buscar un trabajo donde descansar, por lo menos sábado a mediodía, para poder dedicarle unas horas más de atención a sus tres hijos y esposo. Al llegar el cierre de los centros comerciales los dueños de la boutique, de un país del que no mencionaré nombre, pero donde las mujeres se tapan desde la coronilla a los pies, reunieron a todas las trabajadoras y les dieron a escoger entre su liquidación, vacaciones indeterminadas o una rebaja de sueldo y de comisiones. Pamela, angustiada por las noticias y la histeria del Coronavirus, junto a la amenaza de despido inminente de su esposo, no tuvo más remedio que aceptar tomar vacaciones, la rebaja de sueldo y la renuncia casi total a sus comisiones. En esos meses soñaba con que sus clientes más pesados entraban por la tienda a comprar y comprar y hacían que sus comisiones hicieran muy atractivo su cheque. Un sueño que se volvió recurrente junto al de un paseo en medio de un campo marchito junto a sus hijos y sin la compañía de su esposo. Hoy con la reapertura de los centros comerciales, Pamela sigue lidiando de mejor gana hasta con los más duros de sus clientes, con sueldo, la mitad de sus comisiones y sin la compañía y apoyo de 4 de sus compañeras, que no tuvieron más remedio que buscar otros horizontes, sin antes pasar por el campo marchito de su sueño. 


Así es como el sistema destruye empleos, industria, propiedades, cosechas, sueños e ilusiones. Así es como los gobiernos, enarbolando la bandera de salvadores, con sus ínfulas de redentores y sanadores charlatanes, destruyen la producción, riqueza y empleos de miles de personas. Por medio de leyes malas, por medio de comisiones y en nombre del bien común. Pero si me está leyendo, si por un momento, cualquiera de las 3 historias que conté anteriormente, hacen que identifique a un amigo, familiar, compañero o a usted mismo, entonces es que en verdad entiende que el problema no fue la pandemia, no fueron los contagiados, los muertos, la seguridad. Fue el sistema, en donde usted es el oprimido y está a merced de las decisiones arbitrarias de los gobernantes. Entiende que hoy, con más de 105 mil contagios y contando, con una nueva apertura, no era necesario que Victor, Don Gregorio y Pamela, sufriesen el despojo de su libertad y la pérdida de su tranquilidad y paz. 


Después de leer este artículo, deje de lado su indiferencia, su miedo, sus dudas y ayude a los guatemaltecos, incluyéndose a usted mismo, a recuperar su libertad, a mejorar su vida y a crear un futuro mejor para el país y sus generaciones venideras. Cambie el sistema, y saque al gobierno usurpador de aquello que no le compete y ayúdenos a convertir a Guatemala en un país próspero y lleno de oportunidades para usted, para Don Gregorio, para Pamela, para Victor. Deje de opinar y actúe con nosotros, porque la pandemia del Socialismo, solo nos lleva a la miseria. 


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Crédito de la fotografía: https://albertonews.com/principales/reuters-adultos-mayores-en-cuarentena-entre-el-hambre-y-la-desesperacion/



Nery Rosales es fundador y Secretarío Ejecutivo del Partido en Formación Familia, político liberal clásico, padre de familia, cristiano católico, recuperado de Covid 19 y motorista.