De esta paradoja deriva el hecho de que la izquierda, en Guatemala por ejemplo, sin ganar un solo proceso electoral en los últimos 30 años, ha impuesto la agenda y ha dominado desde entonces la arena política con sus nefastas políticas.

Pero aquél es solamente un efecto. Las causas las advertimos muy bien en el Centro de Liberalismo Clásico y el Foro Liberal de América Latina: la izquierda manda porque no hay una derecha liberal que haga verdadera oposición y, principalmente, que haga contrapropuesta, con un discurso y un programa claro, concreto y atractivo para la gente.  

La coyuntura actual en Guatemala, pero también en Venezuela y Perú, en México y Argentina, es evidencia contundente de aquel fenómeno. No hay partidos políticos de derecha liberal; sí abundan de derecha mercantilista o de “centro-derecha”, que al final terminan “pactando” leyes sociales por privilegios económicos, deslegitimando así a la derecha y dándole argumentos a la izquierda para luego despotricar contra el gobierno limitado, los mercados libres y la propiedad privada.

La izquierda, además, se ha hecho del agrado y del voto de dos grupos sociales muy importantes, no mutuamente excluyentes entre sí: los cristianos y la clase media. Por el lado de los cristianos, muchos pastores y sacerdotes, incluyendo el Magisterio jerárquico –papas y obispos– yerran al transmitir el verdadero mensaje de Jesús en materia social y política; y ahí tenemos el ejemplo más reciente del Papa Francisco, quien en reiteradas ocasiones ha hecho gala de su inclinación ideológica hacia la izquierda. De ahí que tengamos a obispos en las provincias, departamentos o municipios oponiéndose sistemáticamente a proyectos productivos legítimos, al intercambio pacífico y a la propiedad privada, y agitando grupos de personas que mediante la violencia vociferan por un cambio de modelo “capitalista” … ¿cuál capitalismo? De ahí también que, por ejemplo, el finado tirano Hugo Chávez haya expresado en reiteradas ocasiones el “carácter socialista” de Jesucristo ¿?

Por el lado de la clase media la educación y tradición absorbida desde niños, resultado en buena parte del sistema educativo estatista (estructurado, uniformizante y adoctrinador), los hace fácil presa de falsas soluciones. A ello adhiere bien la estrategia de la izquierda globalizada en la ONU y las agencias supranacionales que, mediante entidades perversas como la finada CICIG en Guatemala y MACCIH en Honduras, solo allanan el camino para enraizar aún más la agenda socialista en América Latina.

A la histeria anti-corrupción que enardecen estas entidades suceden invariablemente otros tres fenómenos: 

1) el creer que quitando a uno o dos corruptos el problema está resuelto, sin advertir que la corrupción desbordada no es más que resultado inminente de un Sistema estatista, 

2) la anti-política, o rechazo de la política como medio pacífico para ejercer el poder legítimamente y, 

3) la partido-fobia, o miedo a participar en partidos bajo la creencia de que todos los partidos y políticos son iguales, cayendo en la falacia de la generalización apresurada, resultado a la vez de no emplear adecuadamente el pensamiento crítico.

La clase media y los cristianos sucumben así totalmente desarmados: con una fe distorsionada y sin la razón bien ejercitada e informada. La mayoría de medios, por cierto, abonan al caos. La izquierda logra infundir temor y hacer presa fácil a la gente de su agenda.

¿Es extraño bajo aquellas condiciones que una propuesta como la de proReforma, firmada por 73,193 guatemaltecos, haya sido engavetada por los diputados en el Congreso? ¿Es extraño bajo aquellas condiciones que una iniciativa como la de “desmonopolicemos el IGSS” haya sido prácticamente ignorada? ¿Es extraño bajo aquellas condiciones que la propuesta de Código de Aguas que ha lanzado la Red de Amigos de la Naturaleza (Rana) a la Comisión específica de asuntos hídricos no haya sido apadrinada siquiera por un diputado?