Las últimas elecciones pareciera que nos han dejado quietos y sin ganas de hablar más acerca de política. Los últimos acontecimientos y los resultados de los mismos pareciera que dejaron a muchos satisfechos y sin ganas de continuar con discusiones partidarias o de índole ideológica. Y al tenor del nuevo gobierno, mucho de las discusiones en la sobremesa y con los amigos queda relegado a la observancia de lo que el nuevo gabinete ha hecho en menos del mes que lleva en funciones. ¿Será entonces que debemos dejar por un lado la discusión política. Todo lo contrario?

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Es ahora cuando debe cobrar relevancia la discusión política en las diferentes esferas privadas de los ciudadanos, de allí el título de esta columna. La política no se debe engavetar por ningún motivo ni bajo ninguna circunstancia, sino todo lo contrario, debe ser discutido en casa con los chicos, con los cónyuges y familiares, pues más que tratarla durante cuatro años, debe ser conocida y estudiada para que en primera instancia, en el hogar se pueda aplicar un buen gobierno, para trasladarlo luego al ámbito familiar, al barrio, al municipio, al departamento y luego al país. La política no empieza al momento de afiliarse a un partido político, o al momento de votar, debe ser un constante estudio de la ciencia política para saber diferenciar las diferentes corrientes del espectro político. 


Por eso cuando escuche a alguien decir “de política y religión no hablamos”, por favor, hágale ver a su interlocutor que esas son precisamente las bases sobre las que se fundan las sociedades en todo el mundo. Mucho de los males que hoy nos aquejan son debido a que nuestras decisiones como ciudadanos han logrado que los “peores” partidos lleguen al poder, que sistemas económicos perversos como el mercantilismo y el estatismo hoy tengan copadas gran parte de las instituciones que por naturaleza le corresponde resolver a los ciudadanos en forma privada. Que ideologías de corte comunista y socialista han invadido las mentes de nuestros compatriotas y, hoy por hoy, tienen a Guatemala en franca dirección a convertirla en una Cuba o Venezuela en el mediano plazo.


“Pero si tenemos un gobierno de derecha” pensará usted para sus adentros al terminar el anterior párrafo. Déjeme decirle que es más de lo mismo con diferente nombre. Guatemala no saldrá del atolladero en el que nos encontramos si no damos el timonazo a la derecha. ¿Qué cómo lo sé o en qué me baso? Pues durante el tiempo que duren esta columna estaremos estudiando juntos las bases de la Ciencia Política, de Liberalismo Clásico y del buen capitalismo, el Capitalismo para Todos. Así es, Capitalismo, esa palabra a la que le han enseñado a despreciar, pero que 3 millones de nuestros compatriotas persiguieron en lo que quedó de él en Estados Unidos y que hoy por hoy junto con las pocas exportaciones que generamos hacen que nuestro país no se resquebraje y se cuele por el desagüe. 


Así que regresemos la política a la mesa y hablemos con autoridad de gobierno limitado, mercados libres y liberalismo clásicopara que el otrora plato amargo, pase a ser un alimento que sustenta el intelecto y el espíritu de quienes lo escuchen. Regresemos la política a la mesa y que Dios no ayude a construir la Guatemala próspera y pacífica que todos necesitamos.


Nery Rosales
Es un  empresario guatemalteco y político liberal clásico
nrosales@familia.gt