Durante esta semana tuvimos nuestro desayuno de “Acción política” y surgió el tema de la tragicomedia hablando del Estado, específicamente del guatemalteco. Este desayuno me inspiró para escribir mis siguientes columnas de opinión.

<<No te pierdas esta columna: Semuy 2, una tragedia que se pudo evitar.>>



Según la Real Academia Española la tragicomedia es un género literario que “comprende obras enteramente dialogadas, aunque generalmente irrepresentables por su extensión, en las que intervienen personajes y pasiones contrapuestos, y alternan el estilo más refinado con el puramente coloquial. Es una situación o acontecimiento en que se mezclan lo trágico y lo cómico”. En Guatemala ya nos acostumbramos a lo trágico hasta el punto de que ahora nos parece cómico. Es una triste realidad, pero como buenos chapines nos reímos de todo. Hacemos chiste de la muerte, de las interminables filas de personas y vehículos, de los accidentes, de los insultos, del señor que patea el carro y hasta de la forma de hablar en videos de amenazas de algunos mareros.

Mucha de la tragedia es causada por la intervención del Estado en la vida de los guatemaltecos, y mucha de la comedia es puesta en escena por el chapín pilas que siempre sale adelante y está contento, pero que, en buen lenguaje coloquial, es bien dejado. Dejamos que el Estado intervenga en nuestras esferas privadas permitiéndole abandonar su esfera pública. ¿A qué me refiero con esto? Me refiero que hay tres actividades que le pertenecen al Estado e infinitas actividades que le pertenecen a los ciudadanos corrientes y comunes (usted, yo, el vecino, el tío, sus colaboradores, la empleada doméstica, etc.).

El Estado, según Max Webber en su libro “Política como vocación”, tiene el monopolio legal y legítimo sobre la violencia. La policía y el ejército son sus principales instrumentos, pero no sustituye la libertad individual de ejercer violencia para defensa personal o la contratación de seguridad privada. El poder legítimo sobre la violencia debe ser exclusivamente utilizado en beneficio de los ciudadanos guatemaltecos para su protección, seguridad y libertad. Se deberá ejercer violencia contra aquellos invasores de territorio privado, mareros, antisociales que alteren el orden, terroristas, ladrones, extorsionistas, etc. Cabe mencionar que hay delitos de diferentes grados, para algunos aplicará el resarcimiento (por ejemplo: estafa) y para otros la violencia (por ejemplo: homicidio). Esto ya forma parte de la segunda actividad de la esfera pública, la justicia. Para completar la esfera pública el Estado, también contratará obras de infraestructura pública para uso y beneficio de los guatemaltecos. Estas tres actividades, seguridad, justicia y contratación de obras de infraestructura pública son las únicas actividades que pertenecen a la esfera pública. Serán las actividades del Estado que permitan a los guatemaltecos ejercer sus únicos e inalienables tres derechos: vida, libertad y propiedad.

La esfera privada tiene infinidad de actividades de las que sólo podré mencionar algunas. Estas acciones se basan en los tres derechos fundamentales de los seres humanos: vida, libertad y propiedad. No tenemos más derechos que esos y para entenderlo tenemos que aceptar que son las únicas actividades que podemos ejercer sin quitarle a otra persona algo. Debemos entender que hay dos clases de pobres, el que no se esfuerza y aquel que el sistema no se lo permite. Necesitamos arrancar el estatismo del sistema y enfocarnos en estas esferas para permitirle al pobre que trabaja, superarse y mejorar su calidad de vida. Sobre el derecho a la vida no tengo que explicar mucho, pues todos los que lean esto entenderán que hay vida desde la concepción.  La libertad es un tema sencillo, pero mal comprendido por muchos.  No hablamos de libertinaje, hablamos de libertad de acción bajo un marco de derechos y obligaciones. Yo, personalmente, quiero ser libre de escoger dónde y qué estudiar, libre de caminar por la ciudad sin temor, libre de comer lo que quiera, cuando quiera, libre de asistir al centro de salud privado que me atienda mejor y me de mejor servicio, libre de invertir mi dinero para mi jubilación en donde yo considere que es más seguro y obtendré mejor retorno, libre de tomar un seguro médico local o internacional, etc. Libre, pero sin perjudicar los tres derechos de las otras personas. Finalmente, la propiedad. Uno tiene derecho al fruto de su trabajo. Uno es dueño de su trabajo y los resultados que se obtengan de él. Nadie te lo puedo arrebatar porque entonces sí, el Estado deberá ejercer violencia (seguridad o justicia) sobre el agresor.

Quiero terminar este texto haciéndoles comprender que lo que acaban de leer no es una locura. Es la vía para que TODOS gocemos de orden, justicia y libertad. Entendamos por orden el funcionamiento correcto de la sociedad conformada por individuos, la justicia como el respeto de “a cada uno lo suyo” y la libertad como aquella libre de coerción y coacción.